Receta: bizcochitos de yema, o Pâo de Lò de Ovar. Historieta: las cartas de amor.

Receta: bizcochitos de yema, o Pâo de Lò de Ovar. Historieta: las cartas de amor.
Dificultad: Muy facilón y Lucido

Ingredientes para 6-8 personas

  • 8 yemas y 2 huevos enteros
  • 140 gramos de azúcar
  • 60 gramos de harina de repostería
  • 1 pizca de sal

Esta es una de esas recetas muy portuguesas, muy dulces y muy llenas de yema, que a mi me encantan.

Como la receta está fusilada, integramente, de la bitácora de una bloguera que hace unos postres deliciosos y mucho mejores que los míos, os voy a remitir a su blog, O Garfelo, para que veáis ahí el paso a paso, Y como su autora, Loly Llano, lo explica estupendamente y yo no voy a mejorar didácticamente el asunto,  pues ya me ahorro el trabajo y tiempo de escribir aquí y se lo dedico a la historieta sobre las cartas de amor que hoy acompaña este post

La única diferencia entre la receta de Loly y la mía, es que yo hice los bizcochitos en unos moldes muy estilo “cupcake” que, la verdad, son demasiado “kukis” para mi, para mi edad y para mi estilo.  A mayores, yo los llené demasiado y la costrita de arriba se me quedó más seca que a los de Loly, aunque en el interior quedaron “yemosos” y jugosos.

El único truco de este sencillo y delicioso postre, es el tiempo de horno que siempre os va a parecer poco. A mi, en este formato de molde, me bastaron 5 minutos escasos de cocción. Además, como casi no llevan harina, no encontraréis esa sensación de sabor a crudo que podría aparecer en otro tipo de pastel poco horneado.

Con las cantidades de esta receta, saldrán aproximadamente 20 bizcochitos en tamaño “kuki-cupcake”

 Bizcochitos yema

Batir 10-15 minutos. Si es con batidora manual, como esta, ¡paciencia! Hay que aguantar…

POS Bizcochitos yema (2)

Añadir la harina mezclada con la sal, pasándola por un cedazo. Incorporarla con movimientos envolventes

 Bizcochitos yema

Llenad, por favor, menos que yo, los moldes.

 

Para cualquier duda, volver a la receta de O Garfelo.

 

 

HISTORIETA. LAS CARTAS DE AMOR.

Quizá porque cuando uno debería mirar más hacia delante, por esa extraña costumbre de llevarnos la contraria a nosotros mismos, nos da por mirar atrás y por revolver, como Karina, en el baúl de los recuerdos.

O quizá, porque como gallega que soy, no produzco ni emito nostalgia, sino morriña, y quizá, porque como gaditana que fui, (en otra vida), tengo cierta facilidad para hacer, de las penas, chirigotas.

Quizá por eso, o quizá por otras mil cosas, me dio el otro día por rescatar esas cajas que guardada en el baúl de mis recuerdos. Cajas llenas de pedacitos de personas, de bocados de vida, de momentos perdidos, reencontrados, rescatados y resucitados… Cajas que reabro cada vez que, por motivos contados y muy especiales, bajo del preceptivo y romántico trastero mis atesoradas cajas de Pandora.

Yo, que debo ser familia de la mula Francis, y que puestos a terquear puedo hacerlo hasta en contra del propio diccionario de la RAE, sostengo que la nostalgia no tiene porque ser triste. Sólo evocadora. (Para entender mi teoría sobre la evocadora nostalgia, Picad aquí)

Y precisamente por mi empeño, no en que cualquier tiempo pasado sea mejor, (que el que lo sea, o no, dependerá en gran medida de como este siendo el presente, o de como se prevea el futuro), sino en recuperar esa evocadora nostalgia, me puse a revolver. A revolver de verdad.

Las cartas de amigos, los Christmas, las entradas de conciertos, las cartas en papel de avión…Cartas de padres, jóvenes hasta en su letra. Cartas de abuelas que ya no están y que ahora  recuerdan en papel cuanto me quisieron. Cartas de novios, unos más queridos que otros.  Cartas de amor.

Hay quien las rompe, el día que también lo hace la relación que las escribió. Y hay quien, como yo, las atesora para poder evocar, morriñosa, pero felizmente mejor.

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Ya no enviamos cartas, ya  no usamos papel, ya casi ni reconocemos las letras de quienes amamos, nos amaron o aún nos aman. Ya no distinguimos  las letras amigas de las que no lo son.  Ya no escribimos cartas. Ni siquiera de amor. Pasaron de moda las cartas y con ellas, ¿pasaron de moda las cartas de amor? ¿o sólo pasó  de moda el amor de carta?.

No quiero imaginar que al amor de ahora sólo lo soporte facebook, messenger, o whatsapp. No quiero imaginar que el amor de ahora, se declare haciendo un corta y pega de cualquier “Rincon del  vago amante” o del “Rincón del amante vago”, que no sé que será peor…  ¿Cómo se escribirá ahora el amor? ¿Cómo lo hará el desamor?

No sé como se hará ahora, pero buscando en esas cajas evocadoras, recordé como se hacía antes.

No diré si esta carta que voy a trascribir a continuación, es propia, ajena, prestada o robada. No diré si la eché yo al correo, o la recibí en mi buzón. Lo que sí diré, es que llevaba guardada en esta caja más de 25 años. De lo que ya no estoy tan segura, es de si podría haber sido escrita hace días, hace meses, o hace muchos menos años….

Me preocupa que las modas hayan llegado a como se siente y a como se escribe el  amor. Vosotros diréis…

 

“Llevo toda la semana escribiendo mentalmente y a ratos esta carta, con el indicio, con la sospecha, con la evidencia, de que tendría que escribirte, porque ibas a evitar nuestro encuentro.  Como puede que para ti igual sea más fácil leerme que verme y aún a riesgo de perder la ventaja, o la esperanza,  de que en la cercanía real y física, un gesto, una mirada, o un deseo, cambiasen algo de lo que aquí voy a decirte: te escribo.

Te escribo para decirte lo que siento. Y  porque siento que no hay nada que perder, cuando todo está perdido.

 Te escribo para decirte que no quiero convertirme en lo que, inexplicablemente,  me estoy convirtiendo. No quiero ser una  obligación pendiente, un deber no cumplido, un compromiso engorroso, una explicación debida, un mal trago que pasar…y que no pasa, a pesar de que pasa el tiempo.

Te escribo para decirte que no sé como ha acabado todo así de raro, de estúpido, de extraño. Te escribo para decirte que lo siento.

Te escribo también, para que sepas que no te reprocho nada. Y aún sin reprocharte nada, la verdad, es que no  te entiendo.  Lo único que sé, es que me siento inexplicable e incómodamente extraña contigo. No sabes cómo lo siento.

Aún no estoy seguro de cómo voy a poder sentirte, de cómo voy a conseguir mirarte…Y sin embargo, sé que todo este repentino abismo, en un solo instante, lo cambiarían un abrazo y un beso.

Te escribo para decirte, que al  tiempo que confieso lo que siento, te relevo de la obligación de cualquier engorroso encuentro. No me debes nada. Nada que no sientas. Nada que no eches de menos.

Te escribo para que sepas que intentaré recordar de ti, sólo lo bueno. Recordaré que me has dado muchísimas risas y muchísima alegría. Que me has dado, a mordiscos,  mucha vida.

Te escribo para que sepas, que cosidas con agujas de reloj, hasta estas heridas cierran. Como cualquier otra herida, también deja cicatrices, aunque estas no se vean..

Te escribo para que sepas, que aquí me quedo. Me quedo sintiendo  que no puedas desear lo mismo que yo y que no hayamos sabido decírnoslo a tiempo. Me quedo sintiendo que eras la única persona de la que quería algo. Me quedo sabiendo que eres la única que quiero…

Yo, que un día te quise siempre, tengo ahora que quererte nunca…”

 

Y como os digo siempre en este blog…¡ Ya me contaréis! A ver si es verdad y me contáis vuestra opinión. Me encantaría saber si aún escribís cartas de amor…

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14 Comentarios

  1. Eres una romántica Carmela!! :-). Me ha encantado.

    Qué vamos a escribir cartas de amor …ni de otra cosa. Una pena, la verdad. Yo cada vez que recibo una postal de una amiga (la única que sigue mandando postales de sus viajes) se me saltan las lágrimas y todo.

    Desde luego, la persona que haya escrito esa carta era/es un/una poeta (no me quedó claro si era hombre o mujer, pero no importa).

    Es muy bonito tener esas cartas. Mi marido tenía unas cartas de sus primas argentinas de cuando eran unas niñas (no tantos años como las tuyas) y hace dos años que las fuimos a ver las llevamos y las leímos para reirnos un rato, fué emocionante …si, yo también echo de menos el correo en papel.

    Después de la historieta tan guapa no puedo decirte nada de la receta …bueno sí, ojalá yo hubiera tenido tu valor para llenar tanto los moldes jajajaja quedan mucho mejor al desinflarse y no desluce nada. Preciosos tus pastelitos.

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    • Cartas de amor: nada de nada. Pero la que nos pones me parece sublime. No puede estar mejor escrita y expresar mejor los sentimientos. Tengo una caja de Pandora que, algún día abriré, con cartas de novio, de hijos en EEUU (ellos tienen las mías), de amigas … Pero, desgraciadamente, con los adelantos de la tecnología, ya no se practica la técnica epistolar. Me ha encantado la publicación (y la receta también). Eres genial Carmen. Una suerte haberte conocido !!!

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      • La misma suerte que he tenido yo contigo, Mercedes! Y lo que nos queda de vernos y sentirnos….

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  2. Gracias por comentar, Loly. En buena parte eres causante de este post…Y no por amor, si no por tu postre!!

    El postre riquísimo y facilísimo, ideal para mojar en muchos cafés el día en que se abren estas cajas de Pandora…

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  3. ¡Que bonita la historieta, Rubita ! Que te voy a decir que tu no sepas ! Me encanta el papel para leerlo todo (libros cartas…),para leerlo ,para tocarlo y para olerlo …A que huele esa carta? Igual si cierras los ojos y aspiras su aroma,a pesar del tiempo transcurrido emana alguna partícula del pasado…Una de las cosas que más pena me da es comprobar como ,a menudo,los avances en la comunicación ,las tecnologías varias y tal, se cargan ciertas cosas…Yo conservo cartas de hace muchísimo tiempo(muchas de amor) y la verdad es que la caja en la que descansan la siento como un pequeño tesoro . La frase final de tu carta me ha emocionado . ¡Sigue conservando esas cartas como oro en paño y ojalá las sigas recibiendo y enviando.! .Los bizcochitos ¡pecadentos! Besiños.

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    • Gracias por tu comentario, Teresa. A todos los que sentimos parecido nos gusta el papel y su tacto y su olor. Es, casi como la piel, reconocible en sus letras y en sus cicatrices…

      Igual tiene razón Muñoz Molina cuando dice que desde la pena se escribe mejor, desde luego si que se hace más desde la emoción.

      Gracias por emocionarte con una simple carta, escrita, en este caso, sin papel…

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  4. “ya casi ni reconocemos las letras de quienes amamos, nos amaron o aún nos aman. Ya no distinguimos las letras amigas de las que no lo son. Ya no escribimos cartas.”

    Leyendo tu historieta he recordado lo que disfruté leyendo “El defensor” de Pedro Salinas. Una de las defensas que hace es de las cartas manuscritas que él, en ese momento, compara con el telegrama y la escritura mecánica de las máquinas de escribir (¡si hubiera llegado a internet!). Y una de las cosas en que hace hincapié es precisamente la personalidad de la letra, el reconocimiento de la persona en la letra, ese salto gozoso del corazón cuando se reconoce en el sobre la letra del amado o amada sin necesidad de ver la firma…

    Yo no conservo ninguna carta (que también guardaba en esas mismas latas) y no sé en qué momento desaparecieron, pero sé que una amiga tiene las que yo le escribía. Voy a pedírselas….me entró la morriña a mí también pese a no ser gallega. Gracias, Carmen

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  5. La morriña no es patrimonio gallego, es patrimonio universal de los sensibles de alma, MariaRosa, Por eso la sientes. Da igual que hayas nacido en Murcia o en Teruel. Da lo mismo.

    Buscaré esta novela de Pedro Salinas, aunque sea anterior a esta era digital asombrosa, seguro que me encanta.

    Pide y recupera las cartas que puedas, MariaRosa. Será como recuperar cachitos de vida, de esa que hay que vivir, para contarla…

    Gracias por comentar!

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  6. Gracias, gracias, gracias por esta preciosisima historia de las cartas de amor. Me encantó quien la haya escrito además de un gran poeta es una persona con una extraordinaria sensibilidad. Yo escribí cartas de amor a diario, durante muchos años, a mi novio, después marido, a mis hijos, a mis padres, a mis hermanos y de vuelta recibia otras similares, que me hacían, llorar y reir. Las conservé en un pequeño cofre que para mí tenia un valor incalculable. Alli estaba el resumen de mi vida y hace escasamente un par de años, algunos de los destinatarios y remitentes de esas cartas ya no estaban conmigo, entonces las releí con mucha calma, con muchas lágrimas y reviviendo cada momento , las rompí, las destruí, me deshice de ellas. No quería testimonio escrito, me bastaban mis recuerdos, pero tengo que decirte que volvi a llorar a reir y a evocar.
    Carmen me encantó tu historia. De la receta ya hablaremos, hoy me has sensiblizado extraordinariamente. Un afectuosisimo saludo.

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    • Martina, no sé que pasó, pero alguien o algo se comió mi respuesta a tu comentario…Que más se puede pedir a este invento, que ir encontrando por la red almas gemelas que se emocionan con lo mismo que emociona a la que en este caso escribe…

      Romper o guardar da igual..siempre que el recuerdo quede hilvanado en el corazón

      Otro afectuosísimo saludo para ti

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  7. La sensibilidad ,y el arte de emocionar. parte de personas que llenan de amor el alma , la vida y lo plasman en una carta ,en una mirada ,en un aroma en su día a día….vales mucho; Carmen

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    • A buenas horas respondo, Pilar!! Te “me” quedaste pillada entre un montón de correos del blog de Spam…¡Hasta en eso puede ser injusta la vida!…Otras veces, no, ¡eh!
      Gracias por tu mensaje…leo entre líneas…

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  8. Muy dulce y romántico a la vez!!
    Esta noche bizcochitos de postre hummmm

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  9. Buena receta y bonitas cartas de amor. Romanticas, rosas, una buena lectura

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