miércoles, 13 de marzo de 2013

RECETA: TARTA DE ALMENDRA o TARTA DE SANTIAGO. HISTORIETA: PERSONAS EXTRAORDINARIAS


Una, a veces tiene suerte, y la vida le permite tropezarse con personas extraordinarias. 

Personas  de esas, que dado el tiempo en el que nos ha tocado vivir, cuesta hasta creer que aún puedan existir sobre la tierra. Personas que inexplicablemente, y al contrario de lo que sucede con los animales escasos, aún estando en vías de extinción,  no encuentran en este mundo programa alguno que las proteja.

Personas que para no estropearla, pasan por la tierra sin pisarla. Personas que la abonan con sus obras y la riegan con su ejemplo, con sus sonrisas y con sus lágrimas. 

Hace unos días volví a tener suerte y un amigo al que por sus obras podría calificar de poco común y nada ordinario, me sacudió la pereza a base de insistencia para que acudiese a nuestro excolegio de los Jesuitas de Vigo, a conocer a otra de esas personas que son un revulsivo en si mismas y que sin pretender ser, ni hacer nada, nos dan, con su ejemplo, un buen y necesario tirón de orejas al alma.

Y allí estaba Gabriela, Gaby para los amigos, amigos que desde muchos rincones de Galicia se acercaron a abrazarla, emocionados por los recuerdos de haber sido voluntarios en tiempos diversos y en tiempos revueltos, en la obras que dirige en Piura, Perú. Y allí estaba Gaby, una persona de esas que por única, no necesita más que un nombre bien cortito. Gaby, una de esas pocas personas, que por escasas, no necesitan apellidos para identificarlas.

Gaby nos contó su vida de la forma más natural, sosegada, tierna, humilde y tranquila que podáis imaginar. Quizá porque Gaby es también una de esas personas de ojos de agua que no necesitan más que mirarte para transmitir toda la  paz y la  bondad que su alma alberga, emociona aún más su durísimo relato,   dulcificado y, sobre todo, positivizado al ser leído en sus ojos navegables.

Gaby, que un día dirigió una empresa en Perú, lo dejó todo y empezó a cuidar, educar y a alimentar, en todos los sentidos, a los niños que desde pequeñísimos trabajan, por obligación y por auténticas miserias, en los alrededores del mercado de Piura. Manitos se llama el proyecto que ella dirige allí.

Por si esa labor fuera poca, llevada literalmente de la mano por uno de esos niños sin niñez que obligados por la vida buscan nuestras Disneylandias en botes de pegamento, llegó a saber de otros casi niños, que mueren solos, con hambre y además de Sida. Y ayudada por dos jesuitas, dos monjas y unas cuantas prostitutas de la zona, anda Gaby guisándose y buscándose la vida allí y por el mundo para sacar ese proyecto adelante. ¡Y no deja de ser una injusticia y una pena que casi nadie parezca acordarse nunca de esa otra Iglesia, la más grande y numerosa, a la que no se le caen los anillos, (ni los de San Pedro ni los propios), echando manos donde casi ninguno meteríamos las nuestras!

Oír a Gaby me produjo un nudo en el estómago, un nudo del estilo de aquel otro que también un día compartí con vosotros en este blog. Este fue un nudo más lejano en distancia geográfica, pero muy cercano en distancia humana. Este fue un nudo de esos de estómago que además de atar amargas las penas, paradojicamente, también era un nudo de desatar esperanzas.

La esperanza y el consuelo que da saber que existen personas así, personas que como Gaby, dicen que arreglan sus penas cocinando y compartiendo en su mesa todo lo que guisan. Personas que dicen que tienen que cuidar mucho a los voluntarios que por allí pasan, porque su sufrimiento es inmenso cuando se enfrentan a la pobreza que allí ven, mientras no son capaces de encontrar entre esas penas alegría y esperanza.

Escuchar a personas como Gaby supone recibir un esperanzador y aleccionador tirón de orejas del alma. Uno de esos bofetones necesarios para no caer en la tentación de sentirnos como Susanita, la rubia y tonta amiga de Mafalda,  que se congratulaba de lo verdaderamente buena que era al repasar en las noticias  el estado general de  mundo cada mañana.

Gaby aún va a andar unos cuantos días por España, una España, en la que por desgracia, además del fútbol sólo la pobreza parece ahora también estar haciendo patria.

Si tenéis la suerte de poder ir a oírla, hacedlo, y si además tenéis la suerte de poder ayudarla....

Sé que este viernes 15 estará en Madrid, el fin de semana en Valladolid y Salamanca y después en Málaga y Alicante. Si estáis interesados podéis escribirme aquí o a mi correo: guisandomelavida@gmail.com y con mucho gusto conseguiré y os daré todos los detalles que pueda.



RECETA TARTA DE ALMENDRA FACILONA O TARTA DE SANTIAGO

Ha sido casualidad que esta receta acompañe a la historieta de quien endulza con esperanza los mundos amargos . Y conste que no se me ocurre mejor ejemplo de como algo en si mismo tan amargo como la almendra, puede convertirse, con la receta y cariño adecuados, en algo tan dulce, suave y esponjoso como esta tarta de Santiago.

Conste también que esta es la receta de tarta de almedra, (fácil), de mi abuela Romana. Abuela de la que sin duda heredé esa manía genética de conseguir que tanto la cocina como la vida nos resulten facilonas y lucidas. (En la parte izquierda abajo en la foto, puede verse el calificativo escrito de su puño y letra)


Esta tarta la hizo mi madre y por eso no cuelgo hoy fotos del paso a paso. Como es tan básica, veréis que ni son necesarios.

Y ya puestos a contar intimidades, esta foto, bastante floja por cierto, está hecha de noche, corriendo y antes de que empiecen a reñirme en mi casa porque soy una pesada que se empeña en dar de comer frío a todo el mundo por culpa de este blog.




Ingredientes para 8 personas

250g de almendra marcona molida (Si pueden ser de almendra recién molida y no de la que viene envasada ya en bolsas y lleva años en el super, pues obviamente mucho mejor)

250g de azúcar

4 huevos. (Si pueden ser caseros o de corral, también mejor)

Mantequilla para engrasar un papel de cocina.



Aproximado proceder

Batir las 4 yemas con el azúcar, (con varilla manual  o de batidora), hasta que aumenten su volumen y blanqueen. Tampoco hay que matarse en este proceso, con que deje de notarse el grano del azúcar, llega.

Añadir a la mezcla anterior los 250g de almendra molida.

Batir las 4 claras a punto de nieve fuerte e incorporar con movimientos envolventes y cuidado a la mezcla anterior.

Engrasar ligeramente con mantequilla un papel de horno y forrar el molde con el.

Verter la masa en el y hornear unos 30 o 35 minutos a 170º.

Más fácil imposible, ¿no?...Pues ya me contaréis!!






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