martes, 5 de febrero de 2013

RECETA: VIEIRAS A LA GALLEGA, (COMO DIOS MANDA). HISTORIETA: LAS CERTEZAS ABSOLUTAS DE LA VIDA

                        

Creo, o al menos intento, no ser extrema ni "talibana" en mis opiniones y criterios. Intento no serlo en la cocina y por supuesto en la vida. Si algo bueno tienen los años, y por mucho que yo me niegue a aceptar los que por lo visto tengo, es que también por lo visto, le surten a una de kilos de experiencia, (y de los otros también), como para empezar a darse cuenta de que, salvo excepciones, y entre otras muchas cosas, las certezas absolutas tampoco existen.

Y parafraseando a ese anuncio de esa cerveza, (competencia de la que piensa en verde), él, probablemente mejor profesor del mundo, (del mundo de cada uno, se entiende), estaba hace más de 30 años enseñándonos filosofía en un aula de 3º de BUP del  colegio de los jesuitas de Vigo.... 

Siempre que empiezo con estas reminiscencias datadas y fechadas ya tan  atrás, no puedo dejar de evocar a aquella viejita bajita  de la televisiva serie  "Las chicas de oro". Y siempre que comienza en mi dicha evocación, no se si alegrame o temerme por el parecido que con ella adivino se me avecina.

Bueno, como decía  y admitiendo como axioma, tan personal como particular, que la vida no es como sucede sino como se recuerda, pues recuerdo una clase magistral de aquel, probablemente,  mejor profesor del mundo. En aquella clase, el Padre Jaureguizar  intentaba hacer comprender a una panda de quinceañeros con bipolaridad hormonal manifiesta, (entre los que, para animar un poco más el cotarro, se contaban unas pocas chicas recién admitidas en un colegio tradicionalmente masculino), intentaba, decía,  con las dificultades que sólo ahora comprendo, explicarnos de alguna manera su personal teoría sobre los grados del conocimiento.

Recuerdo que  aquel libro de la editorial Anaya, (a la que casi todos y casi siempre anteponíamos con bolígrafo una C mayúscula a la marca), listaba los grados del conocimiento por orden y de mayor a menor en esta escala: la sospecha, el indicio, la evidencia, la certeza y.... culminando el ranking de todo el conocimiento del mundo mundial, aparecía ella: la certeza absoluta.

En contra de lo que aquel libro de filosofía adoctrinaba, el Padre Jaureguizar propugnaba que la certeza absoluta era un grado del conocimiento que no existía, y que de hacerlo, sólo lo hacía en el alma de los soberbios. 

A esta gran verdad, (a la que por definición y comunión con la teoría del probablemente mejor profesor del mundo, no puedo denominar, obviamente, certeza absoluta), añadió simplemente algo parecido a esto: "cuando sean ustedes mayores lo comprenderán, y hasta  puede que alguno de ustedes me recuerde por esto..." Y aquí estoy yo, evocando a aquel maestro y recordando lo que, probablemente, supuso para mi la mejor enseñanza del mundo.

Y ya no sé si probablemente deba también al Padre Jaureguizar el haber pensado siempre  que la soberbia es el peor defecto y el mayor problema que puede tener un ser humano. Pero probablemente a él también deba  haber pensado, (bastantes años más tarde, eso sí),  que la soberbia es la anorexia del alma, que impide ver lo que para otros ojos es evidente y  que niega y transforma en quien la padece, las realidades más obvias y manifiestas

Y dicho todo esto, no quisiera ser ni parecer soberbia si digo o intento decir que en determinadas ocasiones, sólo hay una manera correcta de realizar determinadas cosas. Es más, una persona como yo que utiliza desde hace años como vital sistema operativo el: "Eliminación 2.0" en vez del MS DOS de la época y que siempre ha confundido peras con manzanas y Appels con Windows, de lo único que tiene certezas, y por supuesto nunca absolutas, es de que hay determinadas cosas que NO deben y NO pueden hacerse. Ni en la cocina, ni en la vida...


VIEIRAS A LA GALLEGA

Y hablando de certezas; tengo una muy grande, (por no decir absoluta), y es que hay muchas, variadas y variopintas maneras de destrozar una vieira y encima, apodar al destrozo con el gentilicio propio de las nacidas en esta tierra. Curiosamente todas esas maneras están publicadas y ocupan un puesto destacado en el ranking que San Google otorga a la receta de vieira a la gallega en internet.

Este animalito es gallego aunque venga de Escocia, y por su misma y  gallega idiosincrasia,  es delicado, dulce, "agarimoso" y seguro que hasta "morriñento". De todo ello se deduce que es un pecado y de categoría mortal, el sepultarlo en vida bajo montones de cebolla y pan rallado que junto con el aceite desmedido producen una argamasa impropia de una cocina pero curiosamente muy adecuada para la construcción.

Hay quien también, no contento con este homicidio en primer grado, le añade muchos pimentones varios, o lo que es incluso aún mejor, acaba asesinando a la pobre vieira ahogándola en cargadita salsa de tomate...¡y de bote!

Y sobre los tiempos de horno, casi mejor ni hablar, que muchos de los autores encontrados parece que aún no se han enterado de que las cremaciones no deben realizarse en hornos domésticos...


Ingredientes para 4 personas

8 vieiras grandes gallegas y frescas, o congeladas pero buenas

1 cebolla mediana

1 loncha de jamón ibérico

Aceite de oliva virgen no muy fuerte

1/2 vasito de vino blanco gallego 

Pan rallado y sal.


Aproximado proceder

Pochar en 16 cucharadas de aceite virgen, de sabor no muy fuerte, la cebollita finamente picada.

Cuando esté casi hecha añadir el jamón finamente picado, dar unas vueltas en la sartén para que se derrita su grasa.

A continuación agregar el vino blanco y dejar que se evapore.

Poner sobre cada vieira una cucharadita del sofrito de forma que quede una cantidad aproximada a la que aparece en la foto.Espolvorear con pan rallado ligeramente



 Introducir en el  horno ya caliente unos 10 minutos  a   180º

En el momento de servirla añadimos unas escamas de sal marina y a la mesa 




Y ya me contaréis....pero como ya no tengo abuelas, creo que  puedo decir que esta vieira es como yo, a la gallega y como Dios manda!
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