miércoles, 4 de abril de 2012

HISTORIETA: VIDA Y MILAGROS. RECETA: SOPA MILAGRITOS


Los que me seguís por aquí desde hace tiempo, recordaréis que otra de mis manías, también tan particular como el patio de mi casa, es clasificar a las personas en dos grandes grupos: Las personas de ojos naufragables y las personas de ojos navegables. Desde este sábado 31 de Marzo en que mi suegra nos dejó, sentí la necesidad de crear otra categoría para ella y como ella, una categoría superior, mejor aún, una categoría extraordinaria: la de las personas con ojos eternamente navegables.

Si digo que mi suegra era, ¡con mucho!, lo mejor de mi familia política, se que no ofenderé a nadie…sino todo lo contrario. Es una verdadera suerte y un no menos verdadero orgullo, ser hijo, nieto, biznieto, haber trabajado o haber conocido a una persona como ella.

A las bondades que de ella conocíamos, a las que sospechábamos, a las que intuíamos, hay que añadir las que ahora vamos leyendo en los ojos también navegables de los que con todo cariño, y me atrevería a decir que hasta con devoción, se acercan a su familia para que tan primorosamente como ella cosía, vayamos calcetando retazos rescatados de tantas ajenas y anónimas vidas, al manto que tejido con su recuerdo y con su ejemplo, abrigará y protegerá para siempre nuestras vidas.

Como gallegos que somos, lloramos por ella con las mismas lágrimas orgullosas que nuestra tierra regala. Lloramos con morriña y lloramos con “poalla”. Esa lágrima autóctona que nuestro cielo, generoso como ella, derrama. Lluvia igual que mi suegra. Lluvia que constante, serena y discreta, cala hondo, bien hondo. Y fertiliza tierras. Y fertiliza almas.

Son esas y no otras, las lágrimas que merece la persona de la que alguien te cuenta que a ella debe la carrera de sus seis hijos, y que lejos de lo que pudiéramos pensar, la eternidad de la deuda que siente es mucho más que económica.

Son esas y no otras, las lágrimas que merece la persona cuya desaparición causa que desde un remoto pueblo de Bolivia unos emocionados padres llamen para dar un pésame y agradecer las bondades de la persona para la que trabajaba su hija en España.

Son esas y no otras, las lágrimas que merece la persona que hasta los ochenta y muchos años dirigió con juvenil ilusión y cristiana esperanza a las Voluntarias de la Caridad, obra suya, y obra de verdadera beneficencia cercana, a la que dedicó inmenso cariño y esfuerzo y de la que será su dignísima sucesora Elia Gándara.

Son esas y no otras, las lágrimas que provoca que la persona que trabajó para ella durante 35 años sienta que ha perdido a una madre, mientras confiesa el atesorado secreto de que aún casi a los 90 años y sin que nadie lo supiera, pagaba compra y farmacia de una familia necesitada y cercana.

Son esas y no otras, las lágrimas que ella merece. Lagrimas que ahora, a los que deja huérfanos, llenan el alma de ese paradójico y nutritivo guiso, mezcla de pena y felicidad, de alegría y tristeza y de auténtico y verdadero orgullo de haberla querido, admirado, compartido, vivido y disfrutado tan bien y durante tanto tiempo.

Ahora que ya no está, somos más conscientes, si cabe, de la suerte de haber sido sus hijos, sus nietos, sus biznietos, su yerno o sus nueras. De la suerte de haberla conocido, haberla admirado y de haberla querido, seguro que menos de lo que merecía, pero de haberla querido tanto.

En la vida, vamos encontrando diferentes tipos de personas. La mayoría somos personas ordinarias, (algunas, incluso de más). 

En contadas ocasiones, la vida nos permite tropezarnos con personas extraordinarias. Y otras veces, las menos, quizá para que las apreciemos mejor, nos regala personas que son en sí, y por sí mismas, un verdadero Milagro.

Personas que son un milagro de generosidad, un milagro de fortaleza, un milagro de compromiso, un milagro de fe, un milagro de entrega, un milagro de sacrificio por los demás y un milagro de amor. Y del amor difícil, de ese que se tiene hasta por quien no te quiere. De ese, del que en las situaciones personales y difíciles de su vida, que también las tuvo, supo también y siempre, dar buen ejemplo mi suegra.

Fue una de esas escasas personas que a todas las virtudes milagrosas que podáis imaginar, sumó ese circense, “más difícil todavía”.  Personas que añaden el ser capaces, (cueste lo que cueste),de ser siempre consecuentes con sus principios y consecuentes con sus creencias, y de serlo, además, en todas las decisiones y circustancias de su vida.

Mi suegra era un Milagro.

Era un milagro de madre, un milagro de abuela, un milagro de mujer, un milagro de persona. 

Un Milagro en plural. Un milagro, ¡ hasta de nombre!.

A mi suegra,

Milagros Sanjurjo Aranaz.


Descanse en Dios, descanse en paz.



SOPA MILAGRITOS


Esta receta, sin leer el texto que la precede, quizá no os parezca nada del otro mundo. Sólo si lo habéis leído podréis entender lo especial que desde ahora es para mi.

Es una sopa de mi casa, una de esas recetas familiares de siempre, que a una le han ido encasquetando casi desde el biberón.

A mi suegra Milagros, desde que hace años un buen día la probó en mi casa, no se por que pero siempre le encantó esta sopa mía.

Precisamente estos últimos dos meses en los que nada ya le sentaba bien y poco le apetecía, era lo único que a veces quería comer. Así que yo, mitad encantada de sentirme cocinera distinguida y mitad avergonzada por lo mucho, muchísimo, que me la agradecía, tengo por fuerza que dejaros aquí esta receta y tengo, además, que hacerlo en este post.


Si tenéis algún enfermo que no coma, probad a hacerla. Ahora esta sopa es ya su sopa, y como ella, ¡seguro que hace Milagros!.


Ingredientes para unas 6 raciones


1kg de carne de ternera, (morcillo, ossobuco, aguja), que como sabéis luego aprovecharemos para mil cosas….
1 hueso de jamón ibérico
2 puerros grandes
4 zanahorias grandes
Tapioca
2 huevos duros
3 litros de agua y Sal


Aproximado proceder

Cocer 45 minutos en olla ultrarápida las verduras limpias y enteras, el trozo de carne y el hueso de jamón junto a los 3 litros de agua y la sal al gusto.

Pasado ese tiempo retiramos la carne, que vale, estará cocidilla de más, pero que reservaremos para cualquier preparación de aprovechamiento. Simplemente aliñada como el pulpo “a feira”, con aceite, pimentón y sal, ya está estupenda

La zanahorias y los puerros los batiremos en una buena turmix con el caldo suficiente para hacer una cremita de zanahoria, que con un sabor tan concentrado, también resultará estupenda.

El caldo restante, (si no necesita ser desgrasado), lo ponemos a hervir con dos huevos que se irán cociendo en el, y cuando hierva a borbotones espolvorearemos sobre el la tapioca. Yo le pongo algo menos del doble de la cantidad que el fabricante indica para hacer sopa.

El único truco es añadir la tapioca en caldo hirviendo, hacerlo poco a poco y revolviendo bien para evitar que sobre todo al principio se pegue al fondo.

En menos de 10 minutos pasará de blanca a transparente y estará hecha.

Retiramos los huevos, los pelamos y espachurramos con un tenedor y los añadimos a la sopa.

Y hoy, queridos que os guisáis la vida conmigo por aquí, hoy entenderéis que no tenga mucho más que añadir....
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