jueves, 14 de julio de 2011

RECETA: LASAÑA DEL PASADO. HISTORIETA: EVOCADORA NOSTALGIA

No se que me pasa pero ultimamente y como si de agua se tratase, el tiempo se me escapa y se me cuela entre los dedos de las manos

Si a eso sumamos la terrible pereza, que no se por que, esta temporada me da sentarme a escribir, podre explicarme a mi misma la razón por la que hace más de dos semanas que tengo una historieta soñada, evocada .... ¡y casi olvidada!, desde que hace más de quince días fui al cine a ver la ultima pelicula de Woody Allen, "Midnight in Paris".

Queden dicho de antemano dos cosas: una, que a mi me encanta Woody Allen. Y otra, que una de por si ya es de natural poco crítica. Tan poco que como veis, ni crítica de restaurantes ni de nada del gremio se me ocurre hacer por aquí.

Si algo me gusta, o creo que es bueno, lo comparto sin más, y si no, procuro olvidarlo enseguida para que todas las malas impresiones o recuerdos desaparezcan lo más pronto posible de mi disco duro.

Así que espero entendáis que no me dedicaré ni a valorar ni a comparar esta película ni con la anterior, ni con la "icónica" Match point, ni con la maravillosa "Rosa púrpura del Cairo", ni con ninguna otra. Ni con nada.

A mi me parece que alguien que después de 46 películas y que con 75 años sigue siendo capaz de emocionarme, de hacerme pensar, reír y evocar, se merece y me produce tal admiración, que no soy yo quien para enmendarle la plana, o mejor dicho, el plano, que de cine precisamente estábamos hablando.

Y como la cosa va de evocaciones, ensoñaciones y nostálgias, diré que a mi de repente y sin casi saber porque, la última película de mi Woody me devolvió un trozo del pasado fantástico que tenía, como Karina, en el baúl de los recuerdos, y situado además en un puesto de los 40 principales momentos nostálgicos de mi vida, que tampoco era el adecuado.

Fue al ver en la pantalla ese París idealizado, pero vivo, real y maravilloso, cuando los cables de mi cerebro, (cerebro que yo por cierto siempre he imaginado como aquellas estopas grises y llenas de hilos de colores de los talleres de coches de la televisiva serie "Cuéntame"), entraron en cortocircuito. Tanto, que hasta pensé que yo podía ser (casi), uno de aquellos personajes.

Y me di cuenta de varias cosas:

Que todos, al menos una vez en la vida, deberíamos haber caminado en París bajo la lluvia, o contra el viento, o bajo un sol de justicia, (que a veces, pocas, incluso sucede).

Que todos, al menos una vez en la vida, deberíamos haber besado a alguien en el parisino puente de los enamorados.

Que todos, al menos una vez en la vida, y como en la película de Allen, deberíamos haber visitado Versalles en un momento romántico o medio-romántico, (como creo recordar que fue mi caso), y que también, medio-vale.

Y que lo de verdad importante, es que cada uno, en los momentos que considere terapeuticamente recomendables, pueda evocar de una forma personal y diferente ese París particular que todos deberíamos llevar dentro. París este, que precisamente por personal y particular, no tiene ni por que ser la capital de Francia.

Y no es que yo crea que cualquier tiempo pasado fue mejor, que lo será, ¡o no!, sobre todo dependiendo del momento presente y del previsible y cercano futuro de cada uno.

Y no es que a mi, como a los protagonistas de la peli, me hubiera gustado vivir en alguna otra época histórica, que ya puestos y si tuviera que escoger una, yo también me quedaría con los locos años 20... Aunque bien pensado y con lo poco que me gusta sufrir, (sobre todo si es sin necesidad), no querría yo imaginarme el mundo, (mejor dicho, mi afortunado mundo), sin anestesias, sin endodoncias y hasta sin penicilinas... Y con una guerra mundial y otra nacional, aún por venir...

Y no es que yo viva recordando permanentemente el pasado, pero cuando se produce una evocadora emoción que me traslada a un buen y feliz momento de ese tiempo, respiro hondo, cierro los ojos, sonrío, y me siento ¡¡nostalgicamente feliz!!

A mi la nostalgia, en contra de su propia definición, no me duele. No es para mi un regreso sufriente sino un regreso amable, gratificante y hasta ¡divertido!. (A ver si al final resulta que esto de la nostalgia feliz es un invento mío y además un error de concepto)

A mi la nostalgia me trae instantes, retazos, momentos, personas, evocaciones, ¡vida! que al revivirse en mi recuerdo y aún sin pretender ni desear que cobre de nuevo realidad, me vuelvea hacer sonreir, con paz, en calma, con la tranquilidad y el sosiego que sólo el paso y el peso del pasado otorgan. (Bueno, que algo bueno tenía que tener el paso del jodido tiempo)

Quizá el truco no esté más que en evitar que lo malo pueda almacenarse en la memoria el tiempo necesario para ser recordado, evocado y ascendido a categoría de: "elemento perturbador susceptible de ser nostalgiado".

Fue ver esta parisina cinta y un aluvión de fantásticos recuerdos que no se por que estaban tan arrinconados, se desplegaron como uno de esos librillos (desplegables), que de niña, y de no tanto, tanto me maravillaron y me maravillan aún...

¡Que año! ¡Que visitas a París desde Londres, que era donde yo estaba estudiando! ¡Que inviernos!, ¡Que primaveras! ¡Que risas con amigas del alma que vivían allí o llegaban desde Madrid!... y también ¡Que momentos románticos!

Algunos momentos y personas no quedaron más que en eso, en recuerdos agradables en el fondo de una descerebrada y cada vez más añosa cabeza, probablemente porque no les tocaba haber sido nada más... ¡ Ni nada menos!

Pero ahora que me pongo a evocar feliz y nostálgicamente, ¿qué habrá sido de aquellas mejicanas con las que mi amiga Marta compartía aquel divertido y très chic apartamento en el barrio Latino?. ¿Qué habrá sido de Maximilian?, (Romani para los amigos), con el que me cociné una pota de spaguetti que cabía yo dentro, acompañada de la primera ensalada francesa, embolsada y limpia que vi en mi vida?.

A unos aún los veo mucho, porque siguen siendo amigos del alma. A otros, como a Marcos, los veo menos, pero de vez en cuando me los tropiezo en la playa, (y no se si a el le pasará lo mismo), pero nuestro encuentro anual me produce una estupenda alegría nostálgica.
De otros, incluído el "partenaire parisino del romántico momento", algo se, que para eso facebook ayuda mucho, pero la verdad que a todos me daría alegría verlos de nuevo y saber de sus vidas, porque allí, en París y con ellos, fui feliz, porque con ellos compartí esa felicidad, y porque simplemente, de todos y de todo guardo un fantástico y nostálgico recuerdo.

Tengo un buen amigo que tiene la particular teoría del: " no vuelvas a donde fuiste muy feliz"
Quizá tenga razón, no lo se, pero yo por si acaso, siempre tengo a mano mis cajones de fotos, de aquellas fotos en color y todavía en papel, ordenadas en sobres cronológicamente atesorados.

No tengo más que abrir una de esas cajas de Pandora, y automáticamente me autotransportan como la mejor máquina del tiempo de aquel "perdidos en el espacio" de mi televisiva infancia, al lugar a donde fui feliz. Pero sin los riesgos del presente, contra los que tanto me previene mi teorizante y práctico amigo.

Y no se si será cosa de la edad, pero a mi estas evocadoras y positivas nostalgias siempre me han sentado bien. Me da la impresión de que son vida, mi vida. Vida exprimida, compartida , vida disfrutada. Vida vivida, y que tengo que vivir y revivir... y evocar y "revocar"..... ¡ Y vivir para contarla!

Y "Siempre nos quedará París".
Y como en Casablanca, pero en la película de nuestras propias vidas, siempre nos quedará evocar esos nostálgicos tesoros conformados por todos esos momentos que marcan nuestro camino y que no son sino la memoria de nuestras almas. Esa otra caja donde guardamos las fotos de verdad: las fotos de la vida.

Nota:

Hoy, con tanta evocación feliz y pasada, pero con tan poco mirar al presente, me ha sorprendido otro 14 de Julio, día , por cierto, de la Patria Francesa, y de la mía personal y propia.... vamos, que es mi cumpleaños.

Así que desde aquí, mi casa virtual y también la vuestra, aprovecho para daros las gracias por todas las fantásticas y abundantes felicitaciones recibidas en Facebook en este segundo cumpleaños personal como bloggera y redera social.

Os dejo aquí mi historieta cumpleañera del año pasado...más que nada porque me parece, ¡nostálgico!

Gracias de corazón a todos!!


RECETA: LASAÑA DEL PASADO

Nada más apropiado para este con historieta sobre la evocadora nostalgia publicada un veraniego 14 de Julio, que una deliciosa receta elaborada con los restos de un nostálgico pavo cocinado esta pasada navidad.

Esta es una lasaña blanca, es decir, al igual que la pizza "bianca" no lleva salsa de tomate. La salsa de tomate es deliciosa, sobre todo cuando se hace con tiempo y buenos tomates, pero no todas las recetas italianas o alitalianadas tienen que llevarla a la fuerza.

Los restos de ese pavo navideño, por cierto delicioso y más que recomendable para fiestas familiares multitudinarias, la encontraréis picando AQUÍ

Para hacer esta lasaña nostálgica, lo que de verdad se necesitan son restos de algo exquisito, cocinado con muchos aditamentos, condimentos, vinos y complementos, y que tenga ya tantos sabores deliciosos que sea un pecado enmascararlos con una salsa de tomate o similar.

El único truco es mezclar todos los restos bien picados y sus salsas con una ingente cantidad de puerro bien sofrito y mejor escurrido para que deje la mezcla muy jugosita.


Ingredientes para 4-6 personas

600 grs de sobras maravillosas de un pavo navideño o similar.

4 puerros enormes o 6 grandes

1 litro de bechamel.

6 láminas de lasaña precocida marca Barilla. (Son más grandes)

1 chorrito de jerez seco

Sal


Aproximado proceder

Se pican, (mejor a mano), los restos nostálgicos del plato cocinado en el pasado.

Yo en este caso, le retiré los orejones para que no quedase demasiado dulce.

Se rehogan los puerros, (ya os dije que tienen que ser en cantidad generosa), y una vez rehogados, se añaden los restos del pavo o similar.

Una vez doraditos se añaden los restos de salsa, se da unas vueltas en la sartén para que se mezclen bien los sabores , y se retira.

Mientras, aunque el fabricante no lo indique, se sumergen en agua del grifo caliente y durante unos 10 minutos, las 6 placas de pasta para lasaña. Yo uso la misma fuente que luego irá al horno.

Se hace una bechamel a vuestro estilo, cada uno el suyo e incluido el estilo brik, que suena a baile, pero ya sabéis que no lo es. Esta que he usado aquí es la receta de bechamel para coberturas hecha en la Thermomix, con el único truco que yo añado a todas mis bechameles: un chorrito de jerez seco 5 minutos antes de retirarlas del fuego.

Se escurren las placas de lasaña sobre papel absorbente, y en fuente de horno untada con aceite colocáis dos placas de lasaña.

Encima, una dosis generosa de relleno, cuidando bien de que las esquinas queden rellenas al mismo nivel que el centro para evitar molestos derrumbamientos posteriores.

Sobre la primera capa de carne, importante, una dosis de bechamel.

Segunda capa de pasta, sobre ella segunda y última de carne, e importante, otra vez bechamel.


Se le puede añadir algo más de bechamel de la que aparece en esta foto.

Tapamos con la tercera capa de pasta y cubrimos con la bechamel restante.

Se añade queso o no, al gusto.

20 minutos antes de comer horno a 180º vigilando por si se quema .

Y ya me contaréis,,,,,



Related Posts with Thumbnails