miércoles, 14 de julio de 2010

RECETA: EMPANADA DE CARLA. HISTORIETA: MÁS CERCA DE LOS 50



Ya, ya se que prometí que mi próxima historieta sería sobre lo que me asombra, alucina, maravilla, impresiona y emociona, la comunicación en internet, ilustrado todo ello, con el particular punto de vista que mi experiencia en este asunto me está proporcionando.

También dije que le debía un post, mejor dicho, ese especial y particular post, a dos personas: SOL y ESTEFANÍA a las que conocí así. Y lo sigo debiendo...

Pero es que por el camino, de repente, y sin darme cuenta, me sorprendió un nuevo cumpleaños.

Y no es que esto sea extraño, que la verdad lo mismo me sucede cada año. Lo que me sorprendió de verdad fueron la cantidad de felicitaciones que recibí en la red social en la que tengo mi página de guisandome la vida: facebook.

En realidad era mi primer cibercumpleaños, y aún siendo virtual, virtuosamente me emocionó. Pensé en la cantidad de gente que me felicitaba y no sólo con una frase, (que la agradezco igual), sino con preciosas fotos de objetos varios, flores, canciones de feliz cumpleaños de los Beatles, los pitufos, la tuna o hasta una fantástica versión de jazz.

Pero lo que de verdad me impresionó, fue que a muchos de los que me dejabais ese regalo de cumpleaños, no os ciberconocía de nada. De lo que deduje, espero que no vanidosamente, que si alguien se tomaba dichas molestias era porque aún sin nunca haberme escrito en el blog ni en facebook, me llevaba leyendo o siguiendo cierto tiempo...Y, la verdad, que imaginar eso me encantó.

Fuisteis, que lo sepáis, la alegría y la sorpresa del día. Un día que psicológicamente no me apetecía nada porque, igual es una estupidez, (cosa que, por otra parte, tampoco sería rara en mi), pero me acercaba matemáticamente más a los 50 que a los 40. Hecho numérico este que de por sí no tendría mayor importancia, dado que las matemáticas a mi siempre me han parecido poco menos que ciencia exotérica y nunca he sido capaz de comprenderlas, o lo que es lo mismo, imaginarlas.

Pero como a sumar, aunque a duras penas, si que llego, he de reconocer que la mayor proximidad de los 50 que de los 40 no me aportaron ni la menor felicidad al susodicho día, hasta que llegasteis vosotros a arreglarlo.

Estoy empezando a sospechar que soy mucho mayor de lo que yo me creo... Si, sí ya se que la edad está en el espíritu, o dicho más románticamente: la marca el alma... Pero para arruinar esta ilusoria teoría, está el inexorable calendario. Yo, ya lo he dicho en alguna ocasión, sufro un manifiesto desfase entre mi espíritu, mi últimamente orondito cuerpo, y mi DNI.

A mi me sobran 10 años, y no digo 10 porque sea un número redondo, como todo lo que me gusta a mi, sino porque una vez me eché unos números, como si de cartones de bingo se tratase, y se conoce que me tocó esa cantidad.

Si a ello sumamos la sensación que ya os conté en otro post, (yo creo que incluso divertido), de por que siempre llego tarde a las citas de mi vida y de como intento ahora compensarlo, el resultado es que tengo un problema con el tiempo. Y lo peor, para un alma de letras como la mía, es que el problema ¡es matemático!
Cuando cumplí los 40 no me importó nada, es más, me alegré. Y mucho. Decidí que mi super regalo por alcanzar semejante hito histórico, sería una señora fiesta. Y así lo hice, y con invitación y todo... ¡Y ese recuerdo estupendo me quedará para siempre!, ¡hasta el de amigos de la universidad que vinieron de varias partes de España!.


Como por lo visto no se pueden cumplir 40 sin pasar por esa obligada catarsis personal-existencial tan comentada, yo, por llevar la contraria, diré que la pasé, antes de la tan manida fecha. Así que superado ese mal trago, me dediqué a entrar feliz e inconscientemente en la cuarentena. En la de la vida...que en otras...También.

Los 41 me parecieron casi 40, así que ni me enteré. En cambio los 42 y 43 me sentaron fatal. No se por que, pero me cabrearon. Imagino que coincidieron con alguna etapa más o menos complicada en algún que otro aspecto de mi vida, o algo así, porque muy bien, la verdad, no me acuerdo. ¡Cómo se estropea la memoria con la edad!.... ¡y en mi caso con la conveniencia!

Y en esas estábamos cuando me di cuenta, (de nuevo tarde), de mi estupidez. Si tenía suerte, pero suerte de verdad y en la vida..... ¡iba a cumplir muchos más!.

Se conoce que en ese momento, y por contarlo de forma gráfica, le debí poner una super pulsera power balance de estas tan de moda a mi alma.... y me transforme. Lástima porque ya puestos, debí haberme calzado dos... y con tantos superpoderes, hubiese dominado el mundo. O por lo menos el mío.

Y con la mágica pulsera en el alma, me flexibilicé tranquilicé, dominé, estabilicé y equilibré, ¡hasta en la báscula! , (que ya es mucho en mi), y el resultado de sentirse bien por dentro, como dice la publicidad de un conocido producto, se ve que también se notó por fuera.

Quizá por eso los 44 y 45 resultaron estupendos en muchos sentidos, momentos y personas. Y así, tan estupendamente, llegamos hasta casi antes de ayer en que me sorprendieron los 46 en un espejo, haciendo reflexiones, (que flexiones ya no me las permite la edad), sobre las arrugas faciales y la flacidez del óvalo pertinente.

A poquito que tiraba de delante de las orejas, la piel se tensaba, el óvalo subía y en justa correspondencia, retrocedía la máquina del tiempo....
Después de muchas pruebas e intentos me di cuenta que el mismo y deseado efecto lifting, (en cristiano, tensor), lo producía... ¡ una simple sonrisa!.

Y sonriendo todo el rato, me vestí con una bonita a la par que favorecedora camiseta que combinaba con unos pantalones negros....de hace dos años. Precisamente. Vista la manifiesta imposiblilidad física de calzármelos sin morir en el intento, corrí a comprarme otros de una talla mayor....Pero eso si, sin dejar de sonreir ni un momento...

¡¡¡Mil gracias a todos por este cibercumpleaños tan, tan especial!!!


Empanada de Carla

Para mi, el mérito de una empanada está en la masa que sea crujiente, fina y que además sea, como es esta, fácil de hacer.

De las muchas masas que he probado, esta reúne los 3 requisitos anteriormente mencionados, y como la receta no es mía, sino de mi amiga Carla, a su nombre aquí os la dejo.

A mayores diré que el relleno es lo más fácil de hacer de la empanada, si bien la única condición para mi indispensable, es escurrir bien de aceite sobrante el sofrito.

En cuestiones de rellenos de empanada, y de rellenos de la vida.... ¡dejad volar vuestra imaginación!

Ingredientes para la masa

1 vaso de aceite
1 vaso de vino blanco
1 vaso de leche entera
Harina normal, (marca Gallo para más datos)
Sal
1 huevo

Nota: el vaso en cuestión es de tamaño grande, unos 30 cl.
Dependiendo del tamaño de la bandeja de horno y estiramiento de la masa, puede sobrar.
Se congela y otro día hacéis una coca o una empanada pequeña

Aproximado proceder

Mezclar bien los ingredientes líquidos y la sal a temperatura ambiente en un bowl.

Ir poco a poco incorporando la harina con una cuchara. Cuando ya sea difícil, verter la mezcla en la mesa de trabajo y amasando ir incorporando poco a poco más harina hasta formar una bola que se despegue facilmente de las manos.

No es necesario ni amasar mucho, ni fuerte, ni dejar reposar. Por fácil y cómoda a la vez que fina y crujiente es mi masa ideal.

Truco: se estira mucho mejor si se congela previamente y de deja descongelar unas horas antes de hacerla. Así que si os sobra... al congelador

Ingredientes para el relleno de atún o bonito

4 cebollas finamente picadas
1 pimiento rojo + 1 verde no muy grandes e igual de picados
4 latas grandes de atún o bonito en aceite de oliva ALBO
1/2 vasito de vino blanco
4 huevos duros picados

Aproximado proceder

Se abren las latas y se vierte el aceite de las mismas en la tartera donde se va a hacer el sofrito. Se añade algo más de aceite si fuese este poco.

Se doran en el la cebolla y los pimientos picados pequeños, para que no quede muy basto.

Se baja el fuego y se hace el sofrito revolviendo con algo de paciencia.

Cuando esté bien dorada la cebolla se escurre todo el aceite sobrante, pasando las verduras por un colador o escurridor.

Escurridas de la grasa sobrante, se devuelven a la tartera y cuando esté caliente se añade el vino blanco y se deja evaporar revolviendo bien unos 7 u 8 minutos.

Se añade el bonito o atún troceado y los huevos duros picados, se dan unas ligeras vueltas para que se unan los sabores...

Lo que viene después ya os lo imagináis los que podáis animaros con la receta: dividir la masa en dos partes, estirarla bien, forrar bandeja de horno, colocar relleno, cerrar con la otra mitad de la masa enroscando las dos partes y decorando con tiritas de la masa sobrante.

Para que quede más bonita se pinta con un huevo batido y se mete en horno a unos 180º durante 40 -50 minutos o hasta que tenga un color bien dorado

Y ya me contaréis...
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