domingo, 25 de abril de 2010

RECETA SALMÓN MARINADO CON PATATAS A LA SUECA. HISTORIETA: TODO LO CAMBIA UNA...


Hace tan sólo dos semanas y cruzando el Puente de Rande, ese mismo que une las dos bandas de la Ría de Vigo, tuve una iluminación, (no se de cuantos watios, la verdad), y nada más llegar a casa escribí del tirón esta bastante exitosa historieta llena de alegría y felicidad...que diría la canción.

Yo que soy, todo hay que decirlo, más bien de naturaleza alegre, folclórica y jaranera, me sorprendí a mi misma hoy, cuando exactamente dos semanas después, a la misma hora, en el mismo lugar, y a la misma velocidad, (que para conseguir eso están los radares y las multas de la DGT), cruzaba el mismo puente.

El día no era preciosísimo, ni por asomo se parecía al viernes anterior. Era un día traicionero, de esos que prometen en sus comienzos, pero que según avanzan van rolando a peor. Como el viento. Como los malos maridos. (O maridas, no se nos mosquee la Menestra de Igual Dá).

La luz tristona y apagada no daba casi ni para hacer la fotosíntesis, esa, que ya os conté mil veces yo necesito más que otros porque en mi vida anterior fui planta y algo de ese gen verde se ve que aún me quedó... Y en otros sentidos, creo, también.

Venía de ver a las mismas personas, bueno a algunas más que no había visto la vez anterior, y también en la línea de las pequeñas cosas del día, las encontré menos favorecidas. Miento, a todas menos a una, que tiene la virtud, (que creo que por suerte comparto), de estar siempre igual de feliz y sonriente. Eso me gusta, porque se contagia. Y exponencialmente, además.

Pensé que aún en medio de esa luz tristona, que hacía que ni el azul del cielo ni el azul del mar se fundiesen en aquel otro azul pasado e infinito, el lugar y el punto en que me encontraba, seguía siendo hermoso.

Crucé el puente a más velocidad de la permitida y aquel juego que me traje con la fórmula de la vida, esa de ir más despacio para que el espacio, la velocidad y el tiempo se estiren, me pareció mucho menos divertida.

Venía escuchando en el coche otro CD, que también me encanta y que es un nuevo descubrimiento para mi: Zenet y su soñar contigo

Pongo aquí el enlace de You tube, porque ahora no va el vídeo que subí...así que si queréis daros un gusto, pinchad AQUÍ


Y venía pensando, al igual que la última vez que el secreto de la supuesta felicidad debe ser matemático, porque no debe ser este secreto mucho más, que la capacidad para sumar todas esas pequeñas cosas buenas que cada día a cuentagotas nos da la vida y la habilidad para restar las malas...

Pero pensé también que ni mi mente ni mi alma han sido nunca matemáticas. Que nunca creí en la falacia de la propiedad conmutativa, ni en que dos más dos sean cuatro... Para mi, no lo son siempre.

También, eso si, volví a mirar hacia delante porque en la conducción y en la vida, esta costumbre si que me consta, es más que recomendable...

Y al hacerlo, esta vez tampoco vi ningún camión de "Piensa en verde" ni ninguna otra señal de la vida, excepto una redonda bordeada en rojo con un 80 en medio, que casualmente es también señal, pero de tráfico.

Y pensé, preocupada, en si era sólo la falta de luz, de sol o de color los que me impedían disfrutar de esas pequeñas cosas que todas juntas hacen que los cielos sean más azules, y los mares más verdes

Y pensando, pensando, pensé que la causa de que mi alma pareciese llevar gafas de sol bien oscuras, no era externa. La causa estaba en mi. En mi y en mi misma mismidad, que juntas llevaban ya 5 días a dieta de polvos... de polvos de los otros, de esos que no dan ninguna alegría, y encima sustituyen a alimentos que si la aportan...

¡Que alivio!. Me tranquilicé rapidamente al encontrar la endógena pero exógena causa de aquella extraña sensación de tristeza infinita como el azul del mar del otro día.

Tristeza morriñenta, o enmorriñada, que por algo soy gallega, pero tristeza. Tristeza que fue menguando ligeramente cuando esa noche cené comida de dieta, pero comida, y que paulatinamente terminó por desaparecer cuando hoy, recién levantada, me pesé y pensé: todo lo cambia una dieta.





Salmón marinado con patatas a la sueca

Aunque la semana pasada subí receta de salmón, y normalmente intento evitar ser como los boquerones y repetirme, por petición popular y tras colgar esta misma foto en facebook, me veo obligada a asalmonaros un poquito más.

Esta facilísima receta la hago habitualmente con el salmón entero que después congelo en trozos y que voy usando según necesidad, para cenas en casa, cenas ajenas, (de esas donde es conveniente llevar algo propio por lo que pueda pasar), buffetts, sandwiches, y festivales varios.

Es un plato comodísmo, que hacéis un día y os soluciona la vida de montones de momentos en los que ya no hay que pensar en un primer plato, o un aperitivo, y encima ya está casi hecho

Como es un plato que llena poco, lo acompaño de estas patatas a la sueca, que, si bien no llevan peluca rubia, me las inventé y bauticé yo.


Ingredientes para el salmón:

1 salmón entero muy fresco o un buen trozo de lomo, (la cola, evidentemente, es lo peor)

Eneldo fresco, si puede ser, y si no, seco.

Sal muy gorda para cubrir completamente el salmón.

6 cucharadas de azúcar

Zumo de una lima o limón

Plástico de cocina

Ingredientes para la salsa

Aceite virgen

Mostaza dulce

Salsa de soja


Ingredientes para las patatas suecas

1 patata por persona

Nata líquida

1 lima o limón

Comino en polvo, mostaza dulce y sal


Aproximado proceder

Pedir al pescadero que separe y limpie los dos lomos de salmón lo mejor que pueda, (que ya os digo yo que no será mucho ni suficiente), así que cuando lleguéis a casa tendréis que darle un repaso y terminar de retirar algunas espinas y grasillas.

Lavar los lomos y disponer sobre ellos la mezcla de azúcar, eneldo (casi el bote entero) y sal gorda de forma que quede una capa consistente sobre ellos.

Regar con el zumo de lima o limón, y pegar las dos mitades con las pieles hacia afuera.

Envolver el salmón, apretando bien, con film de cocina. Introducir en otra bolsa, (porque jugo soltará), y disponerlo en la nevera con dos o 3 briks de leche encima para que ejerzan presión sobre el.

Dejar así 48 horas en nevera.

Pasadas estas, desenvolver, y lavar bien debajo del grifo retirando todo el marinado.

Una vez limpio, cortar en trozos grandes, (yo hago 4 trozos o 6 máximo), y congelar en bolsas individuales.

Para poder cortarlo fino tiene que estar semicongelado, (y cansa, aviso), pero si está descongelado del todo, es imposible.

Para la salsa:

Mezclar al gusto: aceite de oliva, salsa de soja, mostaza dulce, (y si queréis algo más de eneldo y limón), y verter el aliño sobre el salmón 1/2 hora antes de servir

Para las patatas a la sueca:

Cocer las patatas, (mejor si son cremosas y amarillas), con piel en agua con sal.

Enfriar, pelar y cortar en dados grandecitos.

En un bowl poner la nata líquida y espesar a mano batiendo un poco con varillas y zumo de limón. Añadir comino en polvo y mostaza dulce al gusto.

Mezclar la salsa con las patatas y acompañar el salmón con ellas

Y...Ya me contaréis...



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