domingo, 13 de diciembre de 2009

RECETA: CREMA DE ARROZ CON LECHE ESTILO CASA GERARDO. HISTORIETA: COSAS PARA LAS QUE YA VOY ESTANDO MAYOR


Yo, que estoy entrando en una edad en que lo único que retengo con facilidad, son líquidos, tengo que empezar a ser más prudente, al menos en algunos aspectos de mi vida.

La prudencia extrema, o incluso la intermedia, no son grados de virtud que yo practique normalmente en mi vida diaria. Me parece que siendo prudente en exceso, me perdería oportunidades para disfrutar cosas, personas, o momentos fantásticos de la vida. Y no se si será verdad, pero en principio y así escrito, la verdad que parece argumento incluso de peso..

En cualquier caso, lo que si tengo que con cierta prudencia reconocer, es que ya no tengo 20 años, y algo en lo que tengo que tener más cuidado es en que bebo y a que horas lo hago.

No, no es que suela beber en exceso. Las copas en su versión combinado , por ejemplo, ni me gustan. El vino sí. El vino me encanta y los cockails….los cocktails, además con el peligro añadido de las horas a las que normalmente se ingieren, me pierden.

Ya os dije en otro de estos innumerables posts de estos que me escribo, que yo necesito sol, necesito luz, y necesito calor y color para vivir. Lo que lógicamente me lleva a concluir que en versión española yo debería haber nacido andaluza, y en versión universal, probablemente caribeña… tuve suerte y nací en un sur, el de las Rias Bajas, y en un Caribe, el gallego. Y debe ser por eso, que lo llevo en la sangre, (por que si no no lo entiendo), y cuando veo un mojito, me pierdo…

No es que el viernes fuese el primer día de sol después de un mes y pico lloviendo y sin ver su luz en este “Caribe do carallo” gallego. No es que el camarero negrito, que por cierto recordaba mucho muchísmo al investigador de ojos azules y mismo color de la serie policíaca CSI, me indujese de ninguna forma a pensar que debía celebrar este particular cambio climático local, (y según las predicciones metereológicas breve)….De ninguna manera, es sólo que no fui mínimamente prudente. Y me despisté.

Y como decía nuestra queridísima DGT en aquellos anuncios el siglo pasado: “Las imprudencias se pagan…y cada vez más”

Si el ron ingerido era de garrafón o no, (que yo creo que tenía que ser), o si la cantidad excesiva de limones, (que no limas), fue la responsable de otro exceso de acidez que corroyó el manto base protector de mi estómago, son consideraciones para recordar la próxima vez que mis pequeños y redonditos ojos se amplíen y redondeen aún más al leer la palabra mojito en alguna pared o carta de cualquier lugar del mundo.

Este febrero pasado sin ir más lejos, en mi viaje anual de amigas del alma, descubrí que la bebida más popular en Berlín sorprendentemente no era la cerveza sino el mojito. Del alimento más popular alemán ni hablamos, que sin duda daría lugar a complicadas malinterpretaciones….definitivamente y como dice otro apropiado slogan publicitario…”Hay que viajar más…”

Bueno, pues lo que os decía, que por mucho que me sirva los cocktails como en la película del mismo nombre el mismísimo Tom Cruise, (que además, no me pone nada), dada mi edad, tamaño y condición, he decidido en este aspecto , que no en otros, practicar más la virtud de la prudencia.

Definitivamente ya no me compensa el día siguiente. De la cabeza y sus neuronas en manifiesta recesión natural dado lo avanzado de mi edad, ya, ni hablamos. De la penosas sensaciones estomacales, tampoco…Pero los efectos físicos de estas imprudencias, esos merecen mención especial aparte.

Los ojos, más hinchados que los del sapo de la noche, sapo cancionero ese de las rancheras de toda la vida. Las bolsas, más grandes que las de la basura después de un puente sin salir de casa. Y las ojeras… las ojeras como el buen café portugués: negro como la noche, caliente como el infierno y amargo como la vida. Tal cual. Y una, la verdad, ya no está para estos trotes…

Os decía al principio que en esta edad que me está tocando atravesar, lo único que retengo con facilidad son líquidos…y no puede ser más cierto. Prueba de ello es que en dos días me habré olvidado de todo lo dicho, y el único recuerdo que me quedará será una ligera alteración protuberante en la cadera.

Y hoy, dos días después y completamente recuperada, vamos con una receta que os hará saltar las lágrimas…y no por imprudente exceso de cebolla, precisamente.

Crema de arroz con leche al estilo de Casa Gerardo

Antes de nada, que de bien nacido es ser agradecido, agradecerle pues esta receta, a mi buen amigo e increíble fotógrafo Nacho Goicoechea, que nos ha hecho llegar a todos los que aquí la compartimos, este tesoro de valor incalculable. Así que: ¡ a tu salud, Nachiño !

Ingredientes para 6 personas:

1 pocillo de arroz . Al peso, eran 90 grs de arroz lo que yo le puse.

1 litro de leche normal, o sea, entera, tonterías de semidesnatadas en este caso, como que no.

1 tableta de mantequilla de 180 grs.

Sal

1 trocito de cáscara de limón, sin lo blanco.

1 palo de canela.

1 bote de leche condensada pequeño.

Azúcar al gusto que será poca

Aproximado proceder:

Se pone el arroz cubierto de agua y una pizca de sal a fuego rápido. Cuando se consuma el agua se hecha en un escurridor y se lava.

Se devuelve a la tartera y se le añaden, la leche y todos los ingredientes excepto el azúcar. A fuego lento se va revolviendo más o menos durante una hora . Yo creo que lo tuve unos 50 minutos

Al final, se le echa azúcar al gusto (yo le puse muy poquito), y se retiran la canela y la cáscara de limón. Hay que retirarlo cuando aún está bastante líquido, que al enfriar se espesa más de lo que parece

Se retira del fuego, se deja reposar y luego a enfriar en la nevera.

Antes de servirlo, se espolvorea con azúcar y se quema con un quemador, de manera que quede la costra quemada por encima (Ojo: haced esto en un sitio ventilado, porque produce más humo que una bomba atómica).

Se recomienda servir el arroz acompañado de tantos pañuelos como comensales haya por si se les saltan las lágrimas después de probarlo. Este es un comentario original del trasmisor de la receta, que he podido constatar personalmente.

Probadlo, es exquisito.

Y, ya me contaréis….

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