martes, 24 de noviembre de 2009

RECETA DE 3 SALSAS BÁSICAS EN LA VIDA. HISTORIETA : LA DE MI ABUELA ROMANA


Hoy este blog cumple un mes…Esto empezó, ni se aún muy bien como, el 24 de Octubre pasado….”Pues si eso es un acontecimiento…. que venga Dios y lo vea…”. Esa sería una frase que con toda probabilidad, una sonrisa muy pícara y toda la ironía gallega del mundo, podría haber pronunciado la persona a la que hoy dedico este post y muchos de los que, si Dios quiere, vendrán.

Ahora que lo pienso, no se como he podido subir 13 entradas y no haber hablado aún de mi abuela Romana…Para que os ubiquéis ligeramente en el personaje, que vaya si lo era, una de sus frases favoritas: “Me llamo Romana y hago lo que me da la gana…” y vaya si lo hacía…Y mi frase de: “ Vivir para inventármela…”, creo que se la debo a ella y a la forma en que me enseñó a disfrutar y a inventarme… la vida.

Ni que decir tiene que mi abuela Romana no era delgada. No podía serlo. De si misma decía, que tenía tipo de sirena, “vamos, tipo de merluza en versión elegante” porque su gordura era “más de por arriba… que luego ya voy yo en disminución”

Le gustaba tanto comer, cocinar, probar, experimentar, equivocarse y reírse después…como a me gusta a mi.

Recuerdo de su mano, y como si fuese hoy, nuestra primera visita al Corte Inglés de Vigo recién inaugurado, tendría yo unos 10 años. Y lo recuerdo por dos motivos, porque me llevó a ver mis primeras escaleras mecánicas en las que sólo me dejó hacer un trayecto que a mi se me antojó cortísimo y que fue desde el bajo al sótano del supermercado. Y allí compramos salsas y latas de lo más exóticas para la época, tanto, como una salsa barbacoa, por supuesto americana y una lata de maíz Gigante Verde que ni siquiera estaba traducida al español…¡Que curioso lo que se queda grabado en la memoria gastronómica!

Pero además de a comer, a probar, a ensayar y a curiosear, de ella aprendí cosas importantísimas. Tan importantes como a disfrutar en alto de la vida. Decía que hay que disfrutar en alto, primero porque somos bajitos, (¡anda!, la famosa teoría de la compensación divina, otra vez), y segundo, porque cuando se disfruta de algo, y además de gozar tu, lo dices en voz alta, lo disfrutas dos veces: porque te oyes a ti mismo y porque te oyen y lo compartes con los demás.

De ella aprendí a reírme de todo y de todos, (reconozco que a veces incluso en exceso), pero siempre después de haberme reído mucho más de mi misma, condición sine qua non, para tener derecho a reírse de lo ajeno. Lógico.

A mi abuela no le gustaba que la tratasen de Viuda de….. Y argumentaba en primer lugar que tenía un nombre muy bonito, y en segundo que era innecesario que cada vez que la llamaban, le recordasen la pena de haberse quedado sin “el marido más bueno del mundo”…Y al hilo de esto puedo recordar el día que en uno de sus momentos más orondos y vistiendo un abrigo de piel, rodó las escaleras de un conocido local de Vigo. El portero apuradísimo repitiendo ¡¡Sra Vda de ….!! ¿Se ha hecho usted daño? ¡Voy a llamar a un médico! y mi abuela diciendo: “Tomás, dos cositas: primero, no me llame Sra. Vda de, que me da mucha pena recordar que estoy solita en el mundo, y si va a llamar a alguien, llame a un veterinario… que se ha caído una foca”. Yo también estaba allí, con un ataque de risa de los mayores de mi vida y tirando de la manga del abrigo de mi abuela. Acabamos las dos sentadas en el suelo…Hasta que se nos pasó. Ojalá pudieseis ver la sonrisa que tengo ahora, al escribir esto…Seguro que Romana ya lleva un rato riendo, porque donde quiero creer que debe estar, habrá recuperado la memoria que dejó de acompañarla los últimos 7 años de su vida, mientras masacraba billetes de 1.000 pesetas con las tijeras de uñas y buscábamos enanitos por debajo de las camas.

Que nos adelantásemos 10 años a la entrada del euro, intentando darle el cambiazo con los billetes del Monopoly diciéndole que eran ecus, mientras avisábamos a todos los comerciantes del barrio…fue algo de lo que nunca la llegamos a convencer. Después y por desgracia, ya fue imposible convencerla ni consolarla de nada.

Como, (como ella misma diría), hay más días que longanizas, os iré contando mil y una anécdotas de la persona a la que creo que debo mi afición a la cocina, a recibir gente, a montar saraos en casa, y a que no me de pereza ninguna invitar a compartir mi mesa y lo que haya en ella el día que toque.

Y para ilustrar un poco más el personaje, cuando con la cabeza ya bastante extraviada y después de rescatarla varias veces del portal, vistiendo bata y camisón pero sin nunca olvidar su bolso ni su collarcito de perlas, un día se nos cayó y se nos rompió una cadera.

Recién operada y como en aquella serie de mi infancia, (perdidos en el espacio), más perdida la pobre en el espacio que nunca, y con mi madre tratando de ubicarla, le explicaba que su médico, (al que ella denominó desde el primer momento “mi operador”), era yerno de un amigo de su época…Y ese creo que fue el último día que lloré de risa con ella…Mientras miraba a su operador de reojillo, decía: ¿Y este señor es yerno de fulanito?…¿de fulanito? ¡Que pesado, fulanito, toda la vida queriéndose casar conmigo….! ¡Y con lo bajito que era, si yo siempre quise casarme con alguien alto! Después, nos miró a los allí presentes, sonrió y dijo: "Y la verdad que ahora que os veo….¡ Hay que ver que arratonados me salisteis todos!"

Y esa era mi abuela Romana…. Ella tenía, y ahora tengo yo, la mejor receta de Lacón con grelos del mundo, y para una de sus famosas laconadas, hace ya mucho tiempo, pasé a verso la receta de los lacones de Romana…pero eso será ya otro día y en otro post…

Y como siempre decía, para darnos a entender que algún día la echaríamos de menos…”Ya, ya, ya me escribiréis, ya...”

Y eso es lo que estoy de alguna manera haciendo hoy: escribiéndole. Escribiéndole en un medio mucho más moderno de lo que ella pudo nunca imaginar, y con un alcance mucho más infinito de lo que yo nunca seré capaz de comprender. Pero escribiendo. Al fin y al cabo.

Y para la abuela con más salsa del mundo, como no, no una, sino tres recetas de salsas:


Tres salsas básicas, indispensables para sobrevivir a toda circunstancia en la vida

Ideales también para solteros/as perezosos a la hora de cocinar y sin problemas de dieta, eso sí.

1. Salsa de bote disfrazada.

2. Salsa de tomate instantánea.

3. Salsa de queso muy rápida


1. Salsa de bote disfrazada

1 bote de tomate frito estilo casero. Ya que vamos a ser cutres y lo reconocemos, al menos no intentar disfrazar un vulgar tomate Solís o similar. El tomate frito marca HIDA, a mi me perece de lo más decente que se puede encontrar por ahí

Albahaca fresca, que en caso de necesidad puede estar previamente congelada. Nunca uséis albahaca seca, da a los platos un toque a Licor del Polo que no dice nada bueno del cocinero.

2 cucharadas de queso Parmesano, o Grana Padano, rallado

Poner en una tarterita el tomate frito, añadir la albahaca picada y dejar hacer a fuego bajo unos 5 minutos. Antes de retirar la salsa, incorporar el queso y en cuanto se disuelva apartar del fuego para que no se pegue.

Esta salsa cuela. Lo juro. Y si la usáis en canelones, pastas, moussakas…ni se notará que no es vuestra.

Si la usáis para añadir a pastas, un truco que siempre, siempre, siempre hay que hacer es dejar la pasta un punto cruda, y terminar de hacerla siempre dentro de la salsa caliente. Es la manera de que absorba sabores y efluvios. Probad.... y ya me diréis.

2. Salsa de tomate instantánea

2 bolsas de tomates cherry (tipo pera mejor), ó 2 latas de tomate al natural troceado, (ojito, el tomate triturado es distinto, vamos, un puré).

Aceite de oliva virgen

Un ajo

Albahaca fresca y/o orégano seco

Sal y azúcar.

Dorar en aceite el ajo muy, muy, picado. Antes de que tome color añadir los tomates cherry partidos a la mitad o los de lata o incluso mezclados. Dejar hacer unos 10 minutos, añadir sal al gusto y siempre una cucharadita de azúcar. A mitad de cocción añadir la albahaca picada y /o el orégano según preferencias, o simplemente según lo que tengáis a mano.

Para apuros también funciona como un tomate frito estupendo…y con pasta...la deja favorecida, la verdad.

3 Salsa de queso muy rápida

1 brick de nata líquida

1 paquete de quesos mezcla (cheddar, gouda , enmental), o los restos que anden por casa pero rallados.

Pimienta rosa o mezcla de pimientas

Poner en un cacito, si es antiadherente mejor, un fondito de nata, añadir los quesos rallados e ir fundiéndolos y mezclando con la nata. Añadir poco a poco la nata y dejar que cada vez se incorpore a la mezcla. Pimentar al gusto que los quesos ya suelen ser salados y dejar hacer hasta que el punto de espesor sea de vuestro agrado.

Salsa ideal para cubrir un vulgar brécol cocido, o para pasta más gordita tipo gnochi de patata…

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