sábado, 21 de noviembre de 2009

RECETA DE ALBÓNDIGAS DIFERENTES. HISTORIETA DE LA QUE SIEMPRE LLEGA TARDE A LAS CITAS DE LA VIDA.


Pues si, sí que tengo la sensación de que soy de esas personas que siempre llegan tarde a las citas de la vida. Y con ello no me refiero a que suela dar plantones o llegue retrasada cuando quedo con alguna persona o tengo una cita de trabajo, ¡que están las cosas para retrasarse cinco minutos en lo profesional y en lo otro!, vamos.

A lo que en realidad me refiero es que a la mayoría de situaciones importantes de mi vida tengo la sensación de haber llegado tarde. Desde bien pequeña me he sentido totalmente identificada con mi alter ego: el conejo blanco de Alicia en el país de las Maravillas, (graciosillos absténganse de comentarios de obvio, a la par que dudoso gusto). El conejo de Alicia era aquel que corriendo como un trastornado y yendo de un sitio a otro, incansablemente repetía: “llego tarde, llego tarde, llego tarde”...Y así fui yo llegando, tarde, pero llegando, a ese punto de inflexión, y reflexión, que todos los humanoides nos tropezamos un día en nuestras vidas…

Llegué tarde a saber que no quiero en la vida. (a saber que quiero, honestamente, todavía no he conseguido llegar, aunque siga en ello). Llegué tarde a interesarme por muchas personas importantes en mi vida, llegué tarde a encontrar un trabajo que por primera vez y de verdad me gusta, llegué tarde a comenzar aficiones que siempre había tenido. Llegué tarde a involucrarme y apoyar proyectos solidarios cuando toda mi vida había querido hacerlo….

Hasta llegué tarde a compartir de verdad, lo que verdad me gusta: hablar escribir y cocinar.

Como excepción, tengo que decir que en una primera aproximación al ejercicio de la palabra, no sólo no llegué tarde sino que fui necesariamente precoz. Por supuesto, y ya puesta a ser original, no me estrené con la clásica opción de mamá, papá o nené. No. Yo lo que pronuncié fue una inteligible versión de la palabra ¡agua!, Según cuenta la leyenda, hice caer de culo a mi joven e inexperta madre y reír a mi pediatra, que con aquel acento de Orense, (que yo todavía recuerdo), dijo: “Neniña, neniña, que los bebés te comen pero también te beben…” Y una vez estrenada esta precoz facultad pronuncié una única y segunda palabra: queso, que a día de hoy sigue siendo una de mis palabras-alimentos favoritos. Las siguientes y ya más convencionales expresiones llegaron con el mismo retraso que mis dientes, tardanza esta que llevó a pensar a los que me rodeaban que iban a tener una niña dientimuda.

A escribir también empecé pronto, pero tampoco aquí cuenta esta precocidad porque todo lo escrito ya no existe….Lo que daría ahora por leer mis diarios, o las poesías de esa época en que todo adolescente se siente poeta de l’amour, o poeta de la mousse, (por lo blandito y pringoso), que para el caso es más apropiado y suena casi igual.

Y a cocinar empecé desde que envenenaba a mis muñecos con todo tipo de brebajes y papillas preparados en mi primera cocinita infantil, mientras copiaba las recetas que de puntillas y agarrándome al mesado conseguía vislumbrar en la cocina de mi abuela.

Y a alguna otra situación de la vida, creo recordar que también llegue tarde, pero obviamente no procede contarlo aquí.

Contado y asumido todo esto ¿Qué hacer con esta sensación de retraso permanente en mi existencia vital? Muy fácil, este hecho contrastado, lejos de llevarme a ningún tipo de morriñenta tristeza por el tiempo pasado, o perdido, o que no volverá, me ha conducido de alguna que otra forma, quizá un poco peculiar, a encontrar una segunda teoría vital maravillosa: La teoría de la compensación divina. (Para ver la primera teoría, picar AQUÍ)

Pues si, es así de sencilla: todo en esta vida ha de estar divinamente compensado, y como yo he perdido cierto precioso tiempo, ahora tengo que compensarlo. No es más.

Y ahora todo lo compenso, y lo recompenso… la familia, los amigos, el trabajo, las aficiones, las obligaciones, el…Ahora todo lo vivo más intensamente, derrochando, corriendo, disfrutando, divirtiendo, derramando, desbordando y desparramando intensidad que compense y recpmpense los retrasos sufridos sobre el horario vital de llegada supuestamente previsto.

Ya no es que le saque jugo a la vida…es que ahora, ¡ hago zumo de ella !. Hago zumo de la vida, y me lo bebo, y me relamo… Y así, mientras me vaya haciendo mayor, seguiré compensando…

¡Y ustedes que lo disfruten conmigo!

P.S.

Me ha dicho un pajarito que las albóndigas son uno de los platos preferidos de un seguidor de este incipiente blog. Ese seguidor, aún en los complicados momentos en que se encuentra, sigue siendo el mayor y mejor ejemplo que conozco de disfrutón, derrochón, desparramador, desbordador, derramador y compartidor de ganas de vivir y gozar.

Para Nacho, con un abrazo más cariñoso y redondo que las albóndigas de hoy y con toda la salsa de admiración que una albo-ndiga como yo es capaz de segregar…


Albóndigas especiales de Nacho

Ingredientes (para 6-8 personas)

700 gr de carne de ternera picada mezclados con 300 gr de bacon ahumado picado. (pedirle al carnicero que lo pique junto, es más cómodo)

2 rebanadas de pan de molde remojado en leche

1 diente de ajo pequeño

1cebolla grande

1huevo

1 vaso grande. (300 cl), de vino dulce, tipo Málaga virgen, o Jerez dulce

1bolsa de setas congeladas, (las de Mercadona están muy bien)

Aceite y harina

1 cubito de caldo de carne

Comino, canela y sal

Estimado proceder

En un recipiente, mezclar la carne con el dientito de ajo esmagado, (que no se noten los trozos), las rebanadas de pan de molde remojado en leche y previamente escurrido, el huevo batido, un tercio del vaso del vino dulce, sal , comino, con gracia y canela, con prudencia.

La mezcla acertada de estas dos especias harán que sea difícil adivinar de que condimento se trata, y junto con el vino dulce son las que dan a estas albóndigas un toque absolutamente especial

Formar las albóndigas, enharinarlas, (sacudiendo el exceso de harina), y dorar para sellarlas, en una tartera con un poco de aceite de oliva.

Retirar y reservar las albóndigas.

En la misma tartera, (si es que la harina no se ha quemado), dorar la cebolla cortada menuda. Cuando esté lista añadir las setas, (como soltarán mucha agua dejar que se reduzca). Después de reducida el agua, incorporar las albóndigas reservadas, el resto de vino dulce y una pastilla de caldo de carne

Añadir un poquito de agua y dejar cocer unos 20 a 25 minutos tapadas y a fuego lento.

Si hay exceso de agua dejar cocer un rato destapadas, si sucede lo contrario, añadir un poco más de líquido elemento

Yo a la salsa también le añado comino y canela, pero reconozco ser más exótica que la media

Para acompañamiento, puré de patatas o arroz en blanco es perfecto.

Ya me contaréis….

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