domingo, 8 de noviembre de 2009

RECETA DE ARROZ CON CHOCOS. HISTORIETA: LOS CALAMÁRIDOS QUE UNA SE VA ENCONTRANDO POR LA VIDA



Siguiendo esta idea peregrina, (no más que cualquiera de las muchas que se me ocurren a lo largo del día), de unir una historia a cada receta que subo al blog, se me empezó a complicar de más la cosa, en lo que a cefalópodos se refería.
Si hablásemos de pulpos, primos segundos, (que no carnales), de los chocos de mi arroz de hoy, la cosa me parecería más fácil…
¿Quién no ha puesto alguna vez un pulpo en su vida?. ¿Eh?
¿Y quién no ha tenido algún amigo, al que por razones más que obvias, el pandillaje de turno denominaba así?
¿O quién no ha estado en algún momento de su existencia y en el garaje de su propia vida, más despistado que un ochopatas de estos?
Por ahí la cosa parecía más fácil, pero con chocos, choquitos, calamares o calamarcitos…la cosa se complicaba. Y se complicaba hasta que, como tantas otras veces en mi vida, tuve una iluminación.
Y tuve, como digo, una iluminación, de pocos watios, eso sí, y me acordé de un noviete que tuve el siglo pasado y al que mis amigas de piso y universidad en aquel momento, (hoy y 20 años más tarde, amigas del alma), denominaban, cariñosísimamente, eso sí, “el calamar”.
La una porque decía que tenía un cerebro con la misma capacidad neuronal que uno de estos animalitos. La otra porque imaginaba que de tener cerebro, debido a un accidente neuro vascular le había sobrevenido un derrame interno... pero de tinta muy negra…
Creo recordar, que aún sin negarlo del todo, yo lo encontraba guapísimo. Y debía serlo. Claro que siguiendo mi principio del equilibrio divino, pues con toda probabilidad le correspondería un encefalograma plano. O casi.
Es de justicia decir que al pobre calamar le adornaban otras virtudes, (mal pensados absténganse), que lógicamente no puedo citar, pues serían pistas más que concluyentes para su rápida identificación... y este cibermundo puede, paradójicamente, acabar siendo un ciberpañuelo.
Así que si cito fechas, virtudes y dones del muchacho en cuestión, siempre ajenos a su capacidad intelectual, alguien podría reconocerlo y chivarse…y después de 20 años…!Que perezón!.
Y ya hablando en sentido bien distinto de calamáridos, reconozco que a veces yo misma me he sentido identificada plenamente con ellos. Me explico: nadan felices en su medio, la mar océana, como yo floto de encantada en el mío.
Se mueven por impulsos cortos, exactamente como yo en mi día a día, y además lo hacen del revés, vamos, que van de culo, para que nos entendamos, exactamente como me sucede a mi en no pocas ocasiones de mi vida.
Y por si estas fueran pocas similitudes, ¿cómo negar la cantidad de veces que me hubiera gustado soltar un buen chorro de tinta negra, (si pudiese ser acompañado de algún compuesto químico irritante), despistar al enemigo y acto seguido desaparecer?.
Bueno, y ahora que lo pienso en verso:
Con tanta cefalópoda semejanza
entre los calamares y mi persona,
va a resultar que desciendo,
más del choco que de la mona…

Pero menos tinta y a guisar…
Arroz de chocos

Ingredientes ( 4 personas)
1 kg de chocos con su tinta o con 2 bolsas de idem congeladas, (si no hay más remedio...)
300 grs de arroz tipo bomba (= 1 taza grande llena)
Doble y mitad de la taza, de caldo de pescado, o en su defecto, agua
2 cebollas medianas
2 dientes de ajo
1 pimiento verde tipo italiano, delgado, alto, fino y brillante....vamos.
1 lata de tomate troceado (o entero y lo troceáis vosotros, que no se os van a caer los anillos)
1 chorrito de jerez seco
2 hojas de laurel
Aceite virgen
Azafrán y sal al gusto
Aproximado proceder

Rehogar las cebollas y el pimiento verde bien cortaditos en un fondo de aceite virgen, (el menor posible para que no resulte grasiento el plato). Salar.
Cuando estén a medio rehogar, añadir el ajo muy picadito, el azafrán y las hojas de laurel.
Dejar hacer un poco más y añadir los chocos limpios cortados en anillas y sus correspondientes patitas.
Rehogar para que se sofrían a gusto.
Después, añadir el jerez seco, (o vino blanco según gustos), y dejar que se evapore un poco. A continuación, añadir el tomate troceado de lata con su jugo y dejar guisar unos 15 minutos.
Hasta aquí el guiso base que puede estar preparado con antelación. Media hora antes de comer, se calienta este y se rehoga en el la taza grande de arroz, (300grs). Se le da unas vueltas para que se impregne bien y se le añaden dos tazas y media de caldo de pescado, o agua, en su defecto.
Revolver bien, rectificar de sal, bajar el fuego un poco y dejar hacer casi 25 minutos, que se trata de arroz tipo bomba y algo tan explosivo requiere de más tiempo.
Hacer 5 minutos de reposo, (vosotros no, el arroz) y…
Ya me contaréis...
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